La Posta de Hornillos
Fue cuartel patriótico contra las invasiones realistas
El territorio que ocupa la provincia de Jujuy recibió durante centurias las influencias derivadas de una mezcla de sangres, lenguas, modalidades, organizaciones, artes y religión. Se ha señalado que los conquistadores que forjaron la primitiva historia del Tucumán atravesaron la Puna de Jujuy para entrar en la zona de guerra con los indios que eran, probablemente, humahuacas y jujuyes. Una de las formas de comunicación que implantaron esos conquistadores fue la creación de postas que equivalían a un lugar de relevo de las caballadas que utilizaban en las rutas de tránsito. El dato más importante permite saber que a través de Grecia y Roma las postas se crearon en Europa comenzando a funcionar en España en 1566, luego pasaron a nuestro país, pero antes de que llegaran los españoles ya los incas habían entrado a territorio argentino en el siglo XV y construyeron importantes vías de comunicación estableciendo a lo largo de éstas los llamados 'tampus' o tamberías donde la tropa encontraba albergue y provisiones sirviendo, además, en algunos casos como puestos o destacamentos militares. Por pedido del Visitador de Correos y Postas don Alonso Carrió de la Vandera se establecieron las primeras postas en lo que hoy conforma nuestro territorio y a tal efecto se lo comisionó en Madrid para que efectuara un viaje a Buenos Aires en 1771. Antes de la fijación de las postas cada correo o viajero tenía la obligación de llevar consigo una tropilla de caballos a los efectos de proceder a su reemplazo en medio de cada jornada. A estos correos se los denominaba 'propios' ya que eran despachados por un comerciante o una autoridad y su costo era abonado íntegramente por cada viaje y no se permitía que ningún viajero llevara caballos de su propiedad ya que se les exigía tomarlos en cada posta del camino, previo pago anticipado de los derechos establecidos o sea lo que sería considerado como una tarifa.
ORDENANZAS PARA ESTABLECER POSTAS
En 1780 se conocieron las primeras ordenanzas sobre postas que ordenaban tener un cuarto para comodidad del viajero y de los correos de nueve a diez varas de largo, cinco y medio de ancho, de quincho o revocado con mezcla de bosta, con corredor al frente, ventana y puerta con cerradura, blanqueado, con mesas y sillas. Este alojamiento debía darse sin precio alguno cuidando de que tuviesen gallinas, ovejas y otras aves y animales domésticos para el alimento de los caminantes. Se debía cobrar el trabajo del cocinado ‘a precios módicos’ observando la conservación y aseo del cuarto, el no desfigurar las paredes y desasearlas con poner sus nombres y algunas expresiones indecentes, pues uno y otro es impropio de la buena educación y religión. En 1791 se amplió el Reglamento de Postas que determinaba que cada viajero debía llevar su pasaporte extendido por la autoridad competente y acompañarlo del ‘parte’ u hoja de ruta expedida por la Administración de Correos.
POSTAS BASTANTE PRECARIA
Debido a que por lo general las postas eran bastante precarias, a tal punto que existían relatos que señalan que en muchas de ellas debía conseguirse hasta leña para el fuego y que quienes las utilizaban preferían dormir debajo de las carretas por el temor a los insectos, en tanto otras llegaban a ser verdaderas posadas y tenían una pulpería que también servía de vivienda para el maestro de postas. En vista de las quejas de los que atendían las postas por los abusos de los viajeros se estableció un nuevo Reglamento en 1817 en el que se fijaba la carga del caballo se debía componer de seis y media a siete arrobas y los carricoches y carretillas ligeras se tirarían por tres caballos llevando hasta veinticinco arrobas Incluyendo el postillón y las personas, debiéndose aumentar un caballo por cada siete arrobas.
CREACION DE LA POSTA DE HORNILLOS
En 1772 por disposición del Visitador y Comisionado don Alonso Carrió de la Vandera se creó la Posta de Hornillos siendo su maestro don José Gregorio Álvarez Prado a quien se le otorgó el título el 26 de setiembre de 1789, luego, por una cuestión de carácter hereditario le sucedió su hijo Pascual Álvarez Prado en junio de 1805 y posteriormente, en abril de 1806 el hermano de este último don Luciano Álvarez Prado. Producida la Revolución de Ma- yo la provincia de Jujuy tuvo que contribuir para apoyar las acciones ordenadas por Castelli y fue entonces que la Posta de Hornillos tuvo que ser convertida en destacamento militar bajo la responsabilidad y dirección del coronel Manuel Álvarez Prado, uno de los jujeños de mayor relevancia en las batallas que se libraron para la defensa territorial de Jujuy, entre ellas las del 1ro. De agosto de 1814 cuando la retaguardia de la segunda división realista fue derrotada, lo que se repitió el 11 de enero de 1818 venciendo a las tropas españolas que actuaron al mando de Olañeta. El escritor jujeño Armanini refiere que tanto Castelli como Balcarce descansaron en la Posta de Hornillos cuando avanzaban victoriosamente hacia el Alto Perú y cuando al regreso de Huaqui se vieron obligados a recorrer el camino amargo de la derrota. En ese cuartel descansó el general en jefe del Ejército del Norte don José Rondeau que en 1815 reemplazó a San Martín que se encontraba enfermo y junto a Álvarez Prado y Arias discutió en Hornillos los planes de defensa.
TAREAS DE CARACTER MILITAR
A la vera del camino que cubre la distancia entre Maimará y Purmamarca el centenario edificio de la Posta de Hornillos permanece como una reliquia histórica que sirvió a los viajeros del siglo XVIII y era el sitio donde se cambiaban los caballos de las diligencias que llegaban y partían al Alto Perú. Trabajos de historiadores mencionan que allí cumplieron sus tareas de carácter militar y defensivo los generales Alvear, Martín Rodríguez u Güemes. Otro dato importante revela que en 1813 al regresar Belgrano de su campaña tomó su descanso en la posta y rezó en la humilde capilla anexa a una de sus instalaciones. El antiguo solar consta de 19 habitaciones dispuestas en torno a tres patios sucesivos además de algunas dependencias complementarias. Sus paredes son de adobe revocado y encalado, los techos se hicieron de torta de barro con tirantería de madera de cardón, las fachadas son de un estilo sobrio y colonial, de una gran planimetría y purismo de volumen, señalando los arquitectos que a lo largo de los años es muy posible que sufrió distintas modificaciones.
CONVERTIDA EN MUSEO
Por iniciativa de la Fundación Bunge y Born la Posta de Hornillos fue totalmente restaurada antes de que finalizara el año 1980 previo un estudio que determinó que debían mantenerse sus principales características arquitectónicas y técnicas constructivas. Gobernaba la provincia el general Fernando Vicente Urdapilleta cuando pudo completarse la restauración y fue entonces que se dispuso darle el destino de museo histórico ya que en distintas habitaciones se exhiben elementos que pertenecieron a próceres argentinos y documentación referida a la lucha por la emancipación nacional. En la primera sección se expone un panorama general que ilustra sobre el origen de las postas y su ambientación tratando de rememorar, con hipótesis de imaginación, el aspecto que pudo tener la posta en su época de esplendor y pleno movimiento. En la segunda sección se exhibe una muestra de armas y detalle de las guerras ocurridas en el territorio de Jujuy, principalmente las referidas a los combates que se libraron a lo largo de la Quebrada de Humahuaca. La tercera sección presenta una muestra de los medio de transporte terrestre de la época colonial con lo que el visitante puede apreciar la evolución operada desde los periodos prehispánicos hasta la actualidad. Pasando por una salita se llega al dormitorio y escritorio donde se exponen la mesa de trabajo y la cama de Manuel Belgrano; cruzando el patio se accede al comedor y cocina en la que se pueden observar elementos de uso corriente como el zarzo para crear quesos, bateas para amasar pan, virques que se utilizaban para guardar chicha; tras el comedor y cocina está el Patio de Armas que contiene las plataformas que usaban los centinelas y soldados; sobre el lado sur se encuentra la sala de montura donde
se conservan los aperos tradicionales, un arado de palo, una ‘chipa’ de paja para transportar ollas de barro, sogas de lana típica de la Puna. En el último patio se mantiene un añoso churqui que representa un ejemplar histórico considerado único en el país. El paso del tiempo ha vuelto a producir deterioros en el edificio lo que va en detrimento del valor histórico del establecimiento que sigue siendo en el transcurso de los siglos un símbolo que los jujeños podemos exhibir como testimonio de la contribución que realizamos a la causa de la emancipación.











